El Demonio de los Árboles, los Bosques y sus Criaturas

 

In a Parallel Universe Very Very Near You

 

7º Chi6

 

Logré ponerme boca abajo aunque eso no alejó al miedo abrumador que me envolvía. Un miedo a morir que parecía amplificado por los tres vacíos que se sentían como un peso en mi estómago, pecho y garganta. El lugar en mi frente donde se unen mis dos cejas pesaba como una piedra y solo quería estar apretujado contra la tierra. Mis manos se lanzaban al frente arañando el pasto en un intento por huir de este abrazo. Lo único que persistía era mi noble coraje por vivir.  

 

- ¡Oh! ¿el buen monje no acepta morir? ¿Qué fue lo que dijiste hace sólo unas horas por la mañana acerca de cuando te llegara la muerte?: “Abandonaría aferrarme a la vida y aceptaría la muerte que es irremediable.”

 

Esta vez él estaba hablando en su mente para mí, no había palabras que transportara el viento. Su voz en mi mente era como la de mis propios pensamientos pero que llega de otro lado y es muy poco familiar, perturbadora.

 

- ¿Por qué te aferras? Te dije que un día tendrías que enfrentar esas bonitas palabras que hablaste a los vientos, “Tengo seguridad de que lo que digo es correcto para mí. Mi camino es el de no aferrarme, aceptar y dejar ir. Vivo en el momento presente pues el pasado y el futuro no existen.” ¿Recuerdas? ¿Por qué te aferras? Acepta morir. Lo prometiste. 

  

Caminaba alrededor mío como hace un depredador antes de dar su golpe final. Volvió a hablar usando la palabra a toda voz lo que hizo más agudo el terror que sentía.

 

- Eres un monje ambicioso y egoísta que sólo se ocupa de su miedo a morir y su camino sin amores. ¿Es tu camino el de evitarte y no entregarte? ¡¿Eres o NO eres?!

 

Sus preguntas me hicieron verme en un espejo de vergüenza y me sentí muy expuesto

 

- ¿Has visto a los que amas ser heridos y asesinados al grado que tu pena y dolor derriten tu alma? ¡¿Cómo lo sabrías si eres el monje que no se entrega y no es?! 

 

Me sentí desvalido. Comprendí que mi vida no tenía ningún sentido, no sabía si nunca lo tuvo, o si en ese momento lo perdió todo de un golpe. Me preguntaba si acaso mi temple y mi amor por la vida se estaban escapando por esos tres vacíos fríos y pesados en mi pecho, garganta, y frente. Todo mi coraje era insuficiente para alejar este horrible miedo a morir que me atormentaba sin darme un solo respiro. Vociferó algo que retumbó fuerte y muy dentro de mí.

 

- ¡Muy accesible es el desapego para quien no se entrega!

  

Mi frente pegada al piso se sentía como una piedra dura y pesada. Mi aliento frenético levantaba el polvo. Absolutamente todo carecía de sentido. La vida se sentía como un limbo donde no había sensaciones ni sentimientos, donde nunca los hubo, o si los hubo, carecieron siempre de sentido. Comprendí que mi energía de vida, eso que es la luz de la consciencia que fluía alegre en mí, estaba siendo robada y devorada por este viejo, y en el vacío que dejaba se llenaba de algo amargo y feo. Lo que yo era se había convertido en un cascarón de miedo, tristeza, y la notable ausencia de la alegría por vivir. Cataratas de lágrimas escaparon de mis ojos. Deseaba que todo esto fuera un mal sueño, o una alucinación de la cual poder despertar pronto. Era verdad que este viejo hablaba en las mentes de las personas y que podía parecer más joven. Lamentándome en un sentimiento de honda amargura y tristeza me pregunté, ¿por qué yo?… Y como rayo llegó a mí un viejo recuerdo de mi infancia. La extraña ocasión cuando el monje cara de mono me abofeteó, y luego hizo sus caras de mono alegre, su versión de mono borracho que tanto nos hacía reir a todos los monjes, y que yo tanto disfrutaba. Aquella noche yo había estado meditando y me quedé dormido. Tuve un terror nocturno que nunca recuerdo. Me despertó una bofetada fuerte y firme. Abrí los ojos y vi a los siete monjes alrededor mío mirándome con preocupación, que luego pasó a rostros de alivio, cuando me reí mucho de las caras del monje cara de mono, pues me regaló todas sus versiones del mono borracho y por mucho tiempo. Yo era sólo un niño. El más joven de los ocho monjes rebeldes caminantes. Sentados juntos alrededor de la fogata escuché de todos ellos un cuento para aliviar mi terror nocturno, y darme una enseñanza acerca del karma. Me hicieron memorizar un verso del cuento que ahora frente a este viejo empecé a recitar en voz baja.

 

“Harás actos de bien o mal, tú dirás,

Por cada mal, un costal con una sorpresa cargarás,

Un día abrirá, y tú regalo es la serpiente cuya mordida aceptarás,

Correcto es que para aprender así deba ser, un bien debes ahora buscar hacer.”

 

- “¿Así que tú eres mi serpiente y esta es tu mordida?” pregunté al viejo. Él quedó en silencio, no sabiendo lo que yo hablaba. 

 

Comprendí que el miedo que me sometía se asomaba todo de golpe y le podía ver completo. Comprendí que si iba a morir no iba a morir inundado de miedo, esta era una oportunidad para enfrentarlo, y eso era un regalo. Comprendí que esto que me ocurría era mío, mi serpiente y su mordida, mi sorpresa y mi aprendizaje, mío y para mí, y eso era una nueva luz en mi camino. Comprendí lo que significaba aceptar verdaderamente, y eso era un bello milagro. Fue difícil como mover una gran piedra que sabes no lograrás por ti mismo, hoy todavía no sé cómo hice, pero logré rodar de mi posición para sentarme de frente a él, mirándole a los ojos. Esto lo sorprendió, aunque fingió bien su desconcierto.

 

- “¡Ah! Bienvenido Monje Rebelde.”

 

El Sol del atardecer nos miraba de lado y pude verle plenamente. Había rejuvenecido por tercera vez. Este hombre tenía al menos tres trucos. Hablar en la mente de las personas el primero, rejuvenecer el segundo, y robarle la vida a uno el último y definitivo. Los tres huecos en mi estómago, pecho y garganta pesaban y se sentían fríos como el hielo, pero ya no me sometían. Logré estar sentado muy derecho y me sentí listo para lidiar con todo esto.

 

- En esa historia que me ha contado le han arrebatado a su musa, su bosque y a su hija. Usted les ha devuelto la muerte de sus hijos, padres y hermanos. ¿Quién diría usted que ha ganado esta afrenta?

 

- Poniéndolo en esos términos yo diría que nadie ha ganado, todos hemos perdido. Yo les he hecho perder en la forma que me han hecho perder a mí.

 

- Hay claramente un ganador.

 

- ¿Deseas hacer cuentas de vidas y muertes? entonces ellos han ganado entonces. Ellos han asesinado a mi Musa, mi hija, cientos de árboles y miles de las criaturas del bosque. Yo sólo purifiqué a unas cuantas almas podridas. ¿No irás a argumentar una mayor relevancia de la vida humana?

 

- No es quien resulta victorioso por quien murió, sino por lo que ha sobrevivido. Usted dijo: “Un rio se pudo llenar con las lágrimas, un valle con los lamentos.”

 

- ¡Por supuesto claro está! El dolor y sufrimiento que entregué a las bestias de ese pueblo quienes fueron la turba en contubernio y ciega obediencia. En ellos he dejado el dolor que ellos entregaron en primera instancia en mí.

 

- Entonces el ganador de esa afrenta es el dolor y sufrimiento. Los victoriosos que viven fuertes en usted, y en todas esas viudas y huérfanos dolientes. ¿Hay algo más que haya sobrevivido? 

 

- Mi desprecio por todas las bestias que son los humanos, mi ferviente anhelo por verles morir a todos. Ellos son el origen de la devastación que están llevando a cabo en este mundo. Mi trabajo es acabarlos a todos. Yo soy la cura para este paraíso.

 

- ¿Ha sido precisamente el desprecio, la violencia y su crueldad, los que acabaron con su musa, su hija, y que están acabando ahora mismo con todos los bosques, sus árboles y sus criaturas?

 

- Si, la de los humanos, las bestias.

 

- ¿Existe tal cosa como mi violencia y su violencia? Existe una sola violencia que hacemos todos. Todos quienes agreden le dan vida, le hacen fuerte, vigente, y por siempre prevaleciente. ¿Lo puede ver?

 

- Lo veo. Por ello al final cuando mueran todos los humanos no quedará más agresión ni crueldad pues será el fin de la maldad. ¿Estás de acuerdo que si la maldad es sólo humana, acabados los humanos acabado el mal?

 

- La maldad es sólo humana, si. Violencia sólo engendra más violencia, usted mismo lo dijo. Usted le ha dado vida y fuerza a la agresión y crueldad que le arrebataron a su hija, a su musa y a su bosque. ¿Se va a atrever a verlo o seguirá como una de esas ovejas ilusas eternamente en negación?

 

El viejo ya no tan viejo apretó las mandíbulas y me lanzó una mirada furiosa. Esta vez no surtió ningún efecto en mí.

  

- Eres un monje triste de una luz diminuta ¿No es así?

 

- Su hija le dio compañía, aceptación y amor verdadero. Ello fue un milagro para su soledad y amargura. Usted agradeció su vida erigiendo un monumento a la brutalidad. La misma brutalidad que precisamente la arrebató de sus manos. La brutalidad que está acabando con la vida de este planeta y todas sus criaturas. ¿De verdad no lo alcanza a ver?

 

Entendió que su influencia sobre mí estaba disminuyendo. Siguió mirándome furioso. Inconscientemente hacía un gesto felino amenazador. Quizás a la falta de sus trucos su violencia bestial estaba por asomarse. En lugar de sentir miedo casi eché a reír.

 

- ¿Lloró usted un rio? ¿Llenó un valle de lamentos? ¿Por su hija? ¿Por su musa? ¿Por el bosque? No lo hizo y le voy a decir porqué. ¿Está usted listo?

 

- Estoy listo.

 

- ¿Seguro lo quiere escuchar? ¿Tiene usted capacidad de escuchar a corazón abierto como hacía su musa?

 

- Si, la tengo.

 

- Tienes sólo seis segundos para comprender que el generoso universo de conciencia te ha enviado a tu hija, tu musa, y al bosque con sus árboles y sus criaturas, para que encontraras tu amor verdadero por la vida de este magnífico planeta y la protegieras. Tú a cambio le has devuelto violencia, crueldad y muerte. Te convertiste en lo que desprecias y hoy eres aquello que has venido a curar. ¿Qué más puede hacer el universo por ti buen hombre?

 

El viejo no tan viejo tosió como cuando el cuerpo necesita lanzar algo que nos ha hecho daño. Empezó a toser más fuerte. Se ahogaba. Dije algo más

 

- Ahora es el momento de llenar este valle con tus lamentos y un río con tus lágrimas.

 

Calló de rodillas y en una mueca de llanto exhaló un lamento a todo pulmón. En el centro de su estómago fuertes espasmos lo hacían exhalar poderosos “Ahs!”. Se dobló hacia delante haciendo una breve reverencia, se sentó sobre sus talones, y de los espasmos ahora emergían ahogados “Ohs!”. Calló luego de lado, se tomó de las rodillas, y de los espasmos en su estómago emergían lastimosos “Uhs!”. Lloró mucho, pero no todo. Su odio, agresión, y crueldad empezaban su curso hacia afuera, hacia los confines del universo de conciencia pues este hombre estaba listo para dejarlos ir al fin y para siempre. Habló ahogadamente.

 

- En mi garganta siento atorada una montaña. ¿Qué me has hecho?

 

- La crueldad mora exactamente ahí. Tan grande como sea, es tuya. Si es tu elección dejarla ir, se irá. Si no se marcha toda el día de hoy, poco a poco entonces.

 

Empezó a tranquilizarse aunque se quejaba de esa sensación de bloqueo en su garganta, ahí donde mora la crueldad arropada por sus Karmas. La tarde se volvió en noche. Encendí un fuego pequeño que él agradeció. Sentados al fuego y de frente pudimos conversar en un tenor diferente.

 

- ¿Cuál es tu nombre buen monje?

 

- En nuestro grupo recibimos nombres a lo largo de nuestra vida y según el momento en que nos encontrábamos en nuestro aprendizaje. El monje guía se ayudaba de los demás monjes para seleccionar los nombres, y los demás nos divertíamos mucho haciéndolo. El nombre debía señalar la dificultad que teníamos en ese momento en el camino, y también el potencial para rectificarlo. Mi primer nombre fue “Monjecito llorón”, pues fui abandonado en un monasterio cuando era un niño pequeño, y sufrí mucho por no estar con mi madre y mi padre. Mi nombre más reciente es “Monje que Camina”, pues he debido partir y dejar atrás a mi grupo de monjes para caminar en soledad. Todos mis nombres cumplieron en recordarme quien soy en todo momento. El nombre que me dieron mis padres ya no lo recuerdo.

 

- Gracias por tu abundante respuesta buen monje. En lo que a mí respecta eres el “Monje de la claridad de los lagos más plácidos que reflejan el universo y sus estrellas.” Mi único nombre me lo dio mi musa, “El Demonio de los bosques, sus árboles y sus criaturas”. ¿Cambiará tu nombre a partir de tu encuentro conmigo?

 

- Si pudiera elegirlo por mi mismo sería: “El monje que aun tiene miedo.”

 

- De corazón te entrego mis disculpas por robarte la vida. En este mismo instante estoy vigilante de la atroz violencia que vive en mí y que desea salir a conversar con nosotros para explicar sus motivos. Está impaciente pues nunca le impedí salir para manifestarse. Si alguien me acercara un interruptor que al presionarlo exterminara a todos los humanos para salvar a este paraíso lo haría sin dudar. Mi crueldad, agresión y desprecio siguen aquí. Son como tres pequeños arbolitos que sembré en el jardín de mi casa, y que con el pasar del tiempo tienen hoy troncos muy gruesos, ramas muy altas, y raíces muy profundas. Parece imposible removerlos sin acabar destruyendo el jardín, y derrumbando la casa. ¿Cómo podré lograr tal hazaña? Llévame contigo buen monje. Déjame caminar a tu lado y con el tiempo podré desenterrar la agresión, la crueldad y el desprecio que he sembrado. A tu lado reencontraré la luz de la verdad y de lo que es correcto de hacer.

 

 

Om Shanti

Important

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Please take care of your ears so adjust the volume carefully.